Lo reconozco, últimamente estoy nostálgico. Será porque el
tiempo implacable, va haciendo mella poco a poco en ti, y aunque sé que el
echar demasiado la vista atrás puede ser perjudicial (ya sabéis, aquella
tontería de que mejor tiempo pasado siempre fue mejor), no está mal de vez en
cuando hacer un ejercicio de memoria y “recordar los viejos tiempos”.
No hace mucho he empezado a retomar viejas amistades,
reencuentros con gente que hace ya muchos años eran casi tan importantes como
mi propia familia, aquellos amigos de la infancia y la adolescencia con los que
empiezas a experimentar las diferentes opciones que la vida te va ofreciendo.
Con algunos de estos personajes empecé a descubrir muchas cosas, entre ellas la
música y el rock’n’roll, y con algunos de ellos también nos atrevimos a “cruzar
la frontera”, a dar el paso definitivo para unir mi vida a la música Fue cuando
entendí que aquello no era un hobby temporal, que quería que fuese algo que me
acompañara siempre.
Una cosa lleva a la otra y un buen día decidimos montar una
banda, lo teníamos casi todo en contra, no teníamos ni un duro para equipo, por
supuesto un lugar para ensayar era una utopía y claro está, tampoco sabíamos
tocar. Pero amigos, ¿qué son esas nimiedades cuando se tiene la testosterona a
tope y te invade una ilusión atroz por imitar a tus ídolos? Teníamos claras dos
cosas: íbamos a tocar hard rock y nos llamaríamos Diamante Negro, en homenaje
al que para la mayoría de nosotros era nuestro tema favorito de nuestra banda
de cabecera, Kiss.

Poco a poco fueron llegando las herramientas, los
guitarristas se compraron sus instrumentos y se fabricaron unos
distorsionadores caseros. Un primo mío nos construyó un ampli bastante viejo
pero que sonaba de puta madre, el bajista también se pilló un bajo y por fin
cayó mi primera batería, un destartalado kit de color azul que sonaba a lata.
Nuestro gran triunfo llegaría con el fichaje de Kike Senra, el cantante de
Cuero ( el grupo más aclamado del barrio) y que más tarde llegaría a ser el
vocalista de Bruque. Con el tiempo llegamos a ser uña y carne.
La casa que construyeron mis abuelos cuando llegaron a
Catalunya (vacía ya), fue nuestro primer local, allí íbamos todos los sábados a
ensayar nuestras versiones de Kiss y Iron Maiden y a empezar a dar forma a
nuestras propias canciones. Llegábamos a las diez de la mañana y nos largábamos
por la noche. No hace falta deciros que aquellos días fueron mágicos, cinco
adolescentes amigos hasta la muerte, unidos por un sueño, el de pasarlo bien
creando algo de música.

El tiempo fue pasando y vivimos muchas cosas y muy rápido,
es curioso el pensar como ha cambiado todo, nosotros sin llegar nunca a ser
nadie, tocamos en ocasiones para un público más numeroso que la mitad de los
conciertos a los que voy hoy en día. En año y pico hicimos alrededor de una
veintena de bolos, conocimos a mucha gente, grabamos una maqueta cutre que,
ahora que he retomado la amistad de mis viejos compañeros, espero recuperar,
hubo alguna pelea que otra, pero sobretodo reímos, reímos mucho.
Recuerdo las discusiones sobre música, ver a Marce y a
Roque, los dos guitarristas, creando melodías, las caras de complicidad que
ponía con Jose Luis, nuestro bajista, y quedarme alucinado viendo sus
portentosos dedos (Steve Harris Style!!), los descansos comiendo el bocata
mientras escuchábamos “Blackout” de Scorpions, la quedada de después de los
ensayos en garitos como Wawanco o Neuras… no negaré que nos hubiera gustado
llegar a algo, ¿pero sabéis una cosa?, ni falta que hizo.

En fin, yo cruce la barrera y debí hacerlo bastante seguro,
porque aún sigo de este lado. Seguro que vosotros también tenéis recuerdos de
aquellos momentos en que empezábamos en esto del rock’n’roll.
Eres grande tio!!!
ResponderEliminarDolphin
Gracias Gonzálo, como ves, yo también le dí a los tambores!!!
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